Cap. IV
Cómo elegir tu primera baraja
Elegir tu primera baraja de Tarot puede parecer, al principio, una decisión mucho más complicada de lo que realmente es. Basta con entrar en una librería especializada o realizar una búsqueda en Internet para descubrir que existen cientos, incluso miles, de barajas diferentes. Algunas conservan una estética tradicional; otras reinterpretan los arcanos desde perspectivas artísticas, culturales o espirituales muy distintas. Las hay sobrias, luminosas, oscuras, minimalistas, simbólicas, modernas y extraordinariamente elaboradas.
Ante semejante variedad es normal preguntarse: ¿cómo elegir tu primera baraja?
Mi primera respuesta sería sencilla: una baraja que puedas comprender y con la que te apetezca trabajar.
Pero detrás de esa respuesta hay algunos matices que merece la pena conocer.
No existe una única baraja de Tarot correcta
Una de las primeras ideas que conviene abandonar cuando comenzamos a estudiar el Tarot es que existe una baraja perfecta o superior a todas las demás.
No es así.
Existen diferentes tradiciones y sistemas, y cada uno posee sus propias características. Entre las barajas más conocidas encontramos el Tarot de Marsella, el Rider-Waite-Smith y el Tarot de Thoth, además de innumerables reinterpretaciones posteriores.
Cada una propone un lenguaje visual determinado.
El Tarot de Marsella conserva una iconografía tradicional y posee una enorme importancia histórica dentro del Tarot europeo. El Rider-Waite-Smith desarrolló escenas ilustradas también para los Arcanos Menores, algo que facilita enormemente la interpretación intuitiva de las cartas. El Tarot de Thoth, por su parte, presenta un sistema simbólico especialmente complejo, relacionado con distintas tradiciones esotéricas.
Ninguno de ellos es, en términos absolutos, mejor que los demás.
La elección depende de lo que busquemos y, sobre todo, de nuestra forma de aprender.
Para empezar, busca claridad
Cuando alguien se acerca por primera vez al Tarot, mi consejo suele ser evitar una baraja excesivamente abstracta.
Hay mazos preciosos que son auténticas obras de arte, pero que pueden resultar difíciles para quien todavía está aprendiendo el significado de los arcanos. Algunas reinterpretaciones modernas modifican los símbolos tradicionales, cambian los nombres de las cartas o sustituyen determinadas figuras por representaciones completamente diferentes.
Esto no supone ningún problema para un lector experimentado. Cuando conoces bien la estructura del Tarot, puedes reconocer el significado profundo de una carta aunque su representación visual haya cambiado considerablemente.
Al principio, sin embargo, necesitamos referencias.
Por eso recomiendo elegir tu primera baraja cuya simbología sea relativamente clara y que permita relacionar fácilmente la imagen con aquello que estamos estudiando.
Aprender Tarot ya implica familiarizarse con setenta y ocho cartas, comprender sus relaciones y descubrir cómo cambian sus significados dependiendo de la pregunta, la posición y las cartas que las acompañan. No es necesario añadir una dificultad adicional utilizando desde el primer día un sistema visual excesivamente complejo.
El Rider-Waite-Smith como primera baraja
Si tuviera que recomendar una baraja concreta para comenzar, probablemente elegiría el Rider-Waite-Smith.
No porque considere que sea el único Tarot válido ni porque sea necesariamente el que todo el mundo deba utilizar, sino por una razón eminentemente práctica: sus imágenes ayudan a aprender.
Una de sus grandes aportaciones fue representar escenas completas en los Arcanos Menores.
En otras barajas tradicionales, muchas cartas menores muestran simplemente el número correspondiente de espadas, copas, bastos u oros. En el Rider-Waite-Smith encontramos personajes, situaciones y escenarios.
Eso permite observar una carta y comenzar a hacerse preguntas.
¿Qué está ocurriendo?
¿Qué actitud tiene el personaje?
¿Está avanzando o permanece inmóvil?
¿Mira hacia delante o hacia atrás?
¿La escena transmite tranquilidad, conflicto, pérdida, esperanza?
Estas preguntas son importantes porque nos enseñan algo fundamental: leer el Tarot no consiste únicamente en memorizar significados.
Las imágenes también hablan.
Y aprender a observarlas es una parte esencial del camino.
¿Y el Tarot de Marsella?
El Tarot de Marsella es otra magnífica elección, especialmente para quien se sienta atraído por la tradición.
Su lenguaje simbólico ha influido profundamente en la historia del Tarot y continúa siendo utilizado por numerosos lectores profesionales.
Sin embargo, para algunos principiantes puede resultar algo menos intuitivo al trabajar con los Arcanos Menores, precisamente porque estos no presentan escenas narrativas como las que encontramos en el Rider-Waite-Smith.
Esto no significa que sea más difícil en términos absolutos. Simplemente exige una forma diferente de aproximarse a las cartas.
Hay personas que conectan inmediatamente con él.
Si al contemplar un Tarot de Marsella sientes curiosidad, interés y ganas de descubrir lo que contiene, no veo ningún motivo para descartarlo como primera baraja.
El interés es un gran maestro.
La importancia de sentirte cómodo con tus cartas
Una baraja de Tarot es, ante todo, una herramienta de trabajo.
Y con las herramientas ocurre algo curioso: podemos tener varias aparentemente iguales y sentirnos más cómodos con una que con otra.
Con el Tarot sucede algo parecido.
El tamaño de las cartas, el tacto, la calidad del papel, los colores o el estilo de las ilustraciones pueden influir mucho más de lo que imaginamos.
Si tienes la oportunidad de ver físicamente una baraja antes de comprarla, hazlo.
Sujétala.
Observa algunas cartas.
Mira si puedes barajarlas cómodamente.
Hay mazos extraordinariamente grandes que resultan espectaculares sobre una mesa, pero incómodos para determinadas manos. Otros utilizan cartulinas muy rígidas o acabados que dificultan el barajado.
Son pequeños detalles, pero si vas a utilizar tus cartas con frecuencia terminarán siendo importantes.
Tu primera baraja no tiene que ser la más bonita de tu colección futura.
Tiene que ser una baraja que quieras utilizar.
¿Es necesario que te regalen tu primera baraja?
Existe una antigua creencia según la cual la primera baraja de Tarot debe ser un regalo.
Probablemente hayas escuchado alguna versión de esta idea.
Personalmente, no considero que sea necesario.
Si alguien quiere regalarte una baraja y ese gesto tiene un significado especial para ti, estupendo. Puede convertirse en un recuerdo precioso y añadir una dimensión emocional a las cartas.
Pero si quieres aprender Tarot, no necesitas esperar a que alguien decida regalarte una.
Puedes elegirla tú mismo.
De hecho, hay algo muy lógico en hacerlo: eres tú quien va a trabajar con esas imágenes, estudiarlas y utilizarlas durante muchas horas.
Elegir tu propia baraja puede ser el primer acto consciente de tu aprendizaje.
¿Hay que limpiar o consagrar una baraja nueva?
Esta es otra pregunta frecuente.
Algunas personas realizan rituales de limpieza o consagración antes de utilizar sus cartas. Otras las guardan junto a determinados objetos, utilizan incienso o siguen diferentes prácticas simbólicas.
Respeto profundamente estas costumbres cuando tienen sentido para quien las realiza.
Pero no considero que sean obligatorias.
Una baraja nueva puede comenzar a utilizarse desde el primer momento.
Si deseas realizar algún pequeño gesto antes de empezar, puedes hacerlo. No porque las cartas necesiten necesariamente ser purificadas, sino porque los rituales personales pueden ayudarnos a marcar el comienzo de una etapa.
A veces basta con algo mucho más sencillo.
Abrir la baraja.
Ordenar las cartas.
Mirarlas una a una.
Detenerse unos segundos en cada imagen.
Eso también puede ser una forma de presentación.
Estás comenzando a conocer un lenguaje nuevo.
Antes de estudiar, observa
Cuando tengas tu primera baraja en las manos, te propongo un ejercicio.
No busques todavía los significados.
Coge los Arcanos Mayores y obsérvalos uno por uno.
Pregúntate qué te transmite cada carta.
¿Cuál te resulta agradable?
¿Cuál te incomoda?
¿Cuál despierta tu curiosidad?
¿Cuál no comprendes en absoluto?
Después puedes hacer lo mismo con los Arcanos Menores.
Este ejercicio tiene más importancia de la que parece.
Con el tiempo aprenderás significados, correspondencias, estructuras y sistemas de interpretación. Todo eso formará parte de tu conocimiento técnico.
Pero antes de llenar tu cabeza de información conviene escuchar tu primera impresión.
Porque esa mirada inicial pertenece exclusivamente a ti.
Y en ocasiones, años después, descubrirás que aquella primera sensación contenía una comprensión que todavía no sabías explicar.
No colecciones barajas demasiado pronto
Cuando comenzamos a interesarnos por el Tarot aparece una tentación bastante habitual: comprar barajas.
Muchas barajas.
Es comprensible. Hay mazos verdaderamente hermosos y el mundo editorial del Tarot es extraordinariamente rico.
Pero si estás aprendiendo, mi recomendación es trabajar durante un tiempo con una sola baraja.
Conócela bien.
Familiarízate con sus imágenes.
Aprende dónde están los pequeños detalles.
Observa cómo cambia una carta cuando aparece junto a otra.
Con el tiempo podrás explorar otros sistemas y descubrir nuevas formas de representación. Incluso es posible que acabes utilizando diferentes barajas dependiendo del tipo de lectura.
Pero al principio, la familiaridad es una ventaja.
Aprender Tarot se parece en cierto modo a aprender un idioma. Es difícil avanzar si cambiamos constantemente de vocabulario.
La mejor baraja es aquella que terminas conociendo
Después de años trabajando con el Tarot, uno comprende que la relación con una baraja no aparece necesariamente en el momento de abrir la caja.
Se construye.
Se construye leyendo.
Equivocándose.
Volviendo a mirar una carta que creíamos conocer.
Descubriendo un detalle que había pasado desapercibido durante meses.
Comprobando cómo una misma imagen puede expresar cosas diferentes dependiendo de la pregunta y del contexto.
Por eso no me preocupa demasiado que alguien encuentre «la baraja perfecta» para empezar.
Me preocupa más que encuentre una baraja suficientemente clara como para aprender y suficientemente atractiva como para querer volver a ella.
El resto llegará con el tiempo.
Tu primera baraja probablemente no será la última.
Quizá dentro de unos años tengas varias. Tal vez encuentres una con la que sientas una afinidad especial. Incluso puede ocurrir que regreses a aquella primera baraja después de mucho tiempo y descubras que ahora ves en ella cosas que antes no podías ver.
Eso también forma parte del aprendizaje.
Porque elegir una baraja es solo el principio.
Lo verdaderamente importante comienza cuando empiezas a observar las cartas, a estudiarlas y, poco a poco, a descubrir el lenguaje que existe entre ellas.
Y ese lenguaje, aunque se aprende con conocimiento y práctica, acaba teniendo también algo profundamente personal.

