Cap. VII
El lenguaje de los símbolos en el Tarot
Aprender Tarot no consiste únicamente en memorizar el significado de setenta y ocho cartas. Si fuera así, bastaría con aprender una lista de definiciones y aplicarlas cada vez que apareciera una carta sobre la mesa.
Pero el Tarot no funciona de una manera tan sencilla.
Una misma carta puede adquirir matices diferentes dependiendo de la pregunta, de la situación del consultante, de las cartas que la acompañan y, sobre todo, de los elementos que llaman nuestra atención durante la lectura.
Por eso, antes de aprender a interpretar el Tarot, debemos aprender a observarlo.
Las cartas están llenas de símbolos: colores, animales, objetos, paisajes, posiciones corporales, direcciones, números, gestos y pequeños detalles que, en ocasiones, pasan desapercibidos para quien empieza.
Todos ellos forman parte del lenguaje visual del Tarot.
Comprender los símbolos en el Tarot nos permite dejar de ver las cartas como imágenes aisladas y empezar a descubrir las relaciones que existen entre ellas.
Y ese es uno de los primeros pasos para aprender a leer el Tarot de verdad.
¿Qué son los símbolos en el Tarot?
Un símbolo es una imagen, un objeto o una representación capaz de transmitir una idea que va más allá de su significado literal.
Una llave puede ser simplemente una llave.
Pero también puede representar una solución, una oportunidad, un conocimiento al que finalmente podemos acceder o algo que estaba cerrado y comienza a abrirse.
Un camino puede ser únicamente un sendero dentro de un paisaje. Sin embargo, en una lectura puede hablarnos de una decisión, de un proceso, de una etapa que comienza o de la dirección que está tomando una persona.
El agua puede representar emociones, sensibilidad, intuición o movimiento interior.
Una montaña puede sugerir dificultad, esfuerzo, distancia o una meta que requiere tiempo.
La riqueza de los símbolos en el Tarot está precisamente ahí: no tiene un único significado cerrado.
Su interpretación depende del contexto.
Esta idea es fundamental.
Uno de los errores más habituales cuando comenzamos a estudiar Tarot es sustituir una lista de significados de cartas por otra lista de significados de símbolos. Aprendemos que el agua significa emociones, que el rojo representa pasión o que una montaña simboliza obstáculos.
Y volvemos a caer en el mismo problema.
Los símbolos en el Tarot tampoco deben interpretarse mecánicamente.
Hay que observarlos dentro de la carta, dentro de la tirada y dentro de la pregunta.
El Tarot no es un diccionario.
Es un lenguaje.
Aprender a mirar antes de interpretar
Cuando alguien comienza a estudiar Tarot suele sentir una cierta prisa por saber qué significa cada carta.
Es comprensible.
Queremos tener respuestas.
Queremos mirar una carta y reconocer inmediatamente su mensaje.
Pero con los años he aprendido que una de las habilidades más importantes de un buen tarotista no es interpretar rápidamente.
Es saber detenerse.
Antes de buscar un significado, observa:
¿Qué ocurre en la carta? ¿Hay una persona?
¿Qué está haciendo? ¿Hacia dónde mira?
¿Está quieta o en movimiento? ¿Está sola o acompañada?
¿Qué tiene delante? ¿Qué deja atrás? ¿Hay algún objeto especialmente visible?
¿Qué colores predominan?
¿Cómo es el paisaje? ¿Hay agua? ¿Hay montañas? ¿Hay construcciones?
¿La escena transmite calma, tensión, alegría, incertidumbre?
Estas preguntas parecen sencillas, pero enseñan algo fundamental: a mirar la carta como una escena.
Cuando hacemos esto, comenzamos a descubrir que el Tarot cuenta historias.
Y cuando colocamos varias cartas juntas, esas historias empiezan a relacionarse.
Una figura puede mirar hacia otra carta.
Un personaje puede dar la espalda a una situación.
Dos cartas consecutivas pueden repetir un mismo color, un mismo elemento o una misma dirección.
Un símbolo puede aparecer varias veces dentro de una tirada.
Esas repeticiones rara vez deberían ignorarse.
Los colores
El color es uno de los lenguajes más inmediatos del Tarot.
Antes incluso de comprender conscientemente una imagen, el color ya nos ha producido una sensación.
Los tonos cálidos pueden transmitir energía, actividad, deseo o vitalidad. Los tonos fríos pueden sugerir calma, distancia, reflexión o interiorización.
El rojo suele relacionarse con la fuerza, la pasión, la acción o el impulso.
El azul puede acercarnos al mundo de la serenidad, la reflexión, la profundidad o la espiritualidad.
El amarillo y los tonos dorados pueden evocar claridad, conciencia, inteligencia, vitalidad o expansión.
El verde suele vincularse con el crecimiento, la naturaleza, la fertilidad y la renovación.
El negro puede representar misterio, profundidad, límites o aquello que todavía no vemos con claridad.
El blanco puede sugerir pureza, inicio, claridad o apertura.
Pero debemos volver a recordar algo importante: ningún color tiene un significado absoluto.
El rojo de una vestimenta no necesariamente significa lo mismo que un cielo rojo. Un pequeño detalle dorado puede tener una función diferente a la de una carta dominada completamente por ese color.
Además, las distintas barajas utilizan los colores de maneras diferentes.
Por eso debemos aprender primero el lenguaje visual del mazo con el que trabajamos.
Los números
Los números constituyen otra de las grandes estructuras de los símbolos del Tarot.
No aparecen por casualidad.
En los Arcanos Mayores encontramos una secuencia que puede entenderse como un recorrido de aprendizaje y transformación. En los Arcanos Menores, los números nos ayudan a comprender la evolución de cada palo.
De forma general, podemos observar ciertas tendencias.
El uno suele relacionarse con el origen, la semilla, la posibilidad o el comienzo.
El dos introduce la dualidad, la relación, la elección o la necesidad de equilibrio.
El tres suele hablar de desarrollo, expresión y crecimiento.
El cuatro busca estructura, estabilidad y consolidación.
El cinco puede introducir movimiento, tensión, conflicto o cambio.
El seis suele buscar armonía, reorganización o avance después de una dificultad.
El siete puede llevarnos a la reflexión, la estrategia, la evaluación o el desafío.
El ocho suele relacionarse con procesos de desarrollo, movimiento, trabajo o transformación.
El nueve nos acerca a la culminación de una experiencia.
Y el diez suele representar el cierre de un ciclo y, al mismo tiempo, la preparación del siguiente.
Estas asociaciones son útiles para estudiar, pero no deben convertirse en reglas rígidas.
El número es una pista.
La carta completa es el mensaje.
Los elementos de la naturaleza
La naturaleza está muy presente en las imágenes del Tarot.
El agua, el fuego, la tierra y el aire forman parte de su lenguaje simbólico y también se relacionan con los cuatro palos de los Arcanos Menores.
El agua suele hablarnos del mundo emocional, de la sensibilidad, de los sentimientos y de aquello que fluye.
El fuego se relaciona con la energía, la voluntad, la creatividad, la pasión y la capacidad de actuar.
La tierra nos acerca a lo material, lo práctico, el cuerpo, los recursos y la estabilidad.
El aire se vincula con el pensamiento, las ideas, la comunicación, las decisiones y, en ocasiones, los conflictos mentales.
Pero también debemos observar cómo aparecen esos elementos.
No es lo mismo un río tranquilo que un mar agitado.
No transmite lo mismo una tierra fértil que un paisaje árido.
No es igual una pequeña llama que un incendio.
La forma en que aparecen los símbolos en el tarot modifica su significado.
Los animales
Los animales presentes en las cartas suelen representar instintos, cualidades o fuerzas que actúan dentro del ser humano.
Un león puede hablarnos de fuerza, valor o dominio de los impulsos.
Un perro puede representar fidelidad, compañía, protección o incluso nuestros instintos más inmediatos.
Un caballo introduce movimiento, impulso y dirección.
Las aves pueden sugerir libertad, pensamiento, comunicación o una visión más amplia.
Pero, una vez más, debemos observar la escena.
¿El animal está tranquilo?
¿Está siendo controlado?
¿Acompaña al personaje?
¿Lo amenaza?
¿Se dirige hacia algún lugar?
El símbolo nunca está completamente separado de la acción.
La dirección de las miradas
Este es uno de los detalles que más recomiendo observar cuando colocamos varias cartas sobre la mesa.
Los personajes miran.
Y sus miradas pueden establecer relaciones entre las cartas.
Imaginemos una tirada de tres cartas.
En la primera aparece una figura mirando hacia la segunda. En la tercera, otro personaje parece dar la espalda al conjunto.
Visualmente ya existe una historia.
Alguien se dirige hacia algo.
Alguien observa una situación.
Alguien se aleja.
No significa que debamos interpretar literalmente cada dirección, pero sí debemos prestar atención a esas relaciones.
A veces una tirada comienza a hablar antes incluso de que recordemos el significado tradicional de las cartas.
Los objetos
Espadas, copas, bastones, monedas, coronas, libros, mesas, columnas, llaves, balanzas…
Los objetos también transmiten información.
Algunos tienen una importancia estructural dentro del Tarot. Otros adquieren relevancia únicamente en determinadas cartas.
Cuando un objeto llame tu atención, pregúntate:
¿Qué función tiene?
¿Quién lo sostiene?
¿Se utiliza o simplemente está presente?
¿Representa una herramienta?
¿Una protección?
¿Una carga?
¿Una autoridad?
¿Una posibilidad?
Estas preguntas ayudan a desarrollar una interpretación mucho más rica que la simple memorización.
El paisaje también habla
El fondo de una carta no es necesariamente un decorado.
Un camino que desaparece en el horizonte puede sugerir un proceso que continúa.
Una montaña puede señalar una dificultad que todavía debe superarse.
Una ciudad lejana puede representar seguridad, sociedad, destino o algo que dejamos atrás.
Un cielo despejado no transmite lo mismo que uno lleno de nubes.
Cuando observamos una carta debemos aprender a mirar tanto al personaje principal como al mundo que lo rodea.
En ocasiones, el mensaje más interesante se encuentra precisamente en el fondo.
Los símbolos en el Tarot cambian según la baraja
No todas las barajas representan las cartas de la misma manera.
El Tarot de Marsella, el Rider-Waite-Smith y otros sistemas posteriores comparten muchas estructuras, pero también presentan diferencias importantes en sus imágenes y en la manera de desarrollar determinados símbolos.
Esto significa que debemos conocer nuestra baraja.
No basta con estudiar el Tarot de manera abstracta.
Hay que pasar tiempo con las cartas.
Mirarlas.
Compararlas.
Descubrir qué elementos se repiten.
Observar cómo utiliza el color el ilustrador.
Reconocer hacia dónde miran los personajes.
Descubrir los pequeños detalles que conectan unas cartas con otras.
Con el tiempo, la baraja deja de ser un conjunto de imágenes desconocidas.
Empieza a convertirse en un lenguaje familiar.
La intuición y los símbolos
Existe una relación muy estrecha entre los símbolos y la intuición.
A veces, durante una lectura, un pequeño detalle de una carta llama nuestra atención de manera especial.
Quizá sea una ventana.
Un camino.
Una mano.
Un animal.
Un color.
Un objeto que hemos visto cientos de veces y que, sin embargo, en esa consulta concreta parece adquirir una importancia diferente.
No debemos despreciar esa sensación.
Pero tampoco debemos convertir cualquier impresión en una verdad absoluta.
La intuición necesita apoyarse en la observación, en el conocimiento de las cartas y en el contexto de la consulta.
Para mí, la intuición no consiste en decir lo primero que se nos ocurre.
Es algo mucho más sutil.
Es la capacidad de percibir una relación que quizá todavía no hemos formulado conscientemente.
Cuanto más conocemos el Tarot, más herramientas tiene nuestra intuición para trabajar.
Un ejercicio para aprender el lenguaje de los símbolos
Te propongo un ejercicio muy sencillo.
Escoge una carta de tu baraja.
No busques su significado.
No consultes ningún libro.
No intentes recordar lo que has estudiado.
Simplemente mírala durante unos minutos.
Después responde:
¿Qué es lo primero que has visto?
¿Qué personaje aparece?
¿Qué está haciendo?
¿Hacia dónde mira?
¿Qué colores predominan?
¿Qué objetos aparecen?
¿Cómo es el paisaje?
¿Qué sensación transmite la escena?
¿Qué parece haber ocurrido antes?
¿Qué podría ocurrir después?
Finalmente, escribe tres palabras que resuman lo que esa imagen te transmite.
Después sí.
Busca el significado tradicional de la carta.
Probablemente descubrirás algo interesante: muchas de las ideas que aparecen en los libros ya estaban presentes en la imagen.
Solo había que aprender a verlas.
La mirada del tarotista
Con los años, uno aprende muchos significados.
Pero también aprende algo más importante.
Aprende a mirar.
Cuando extiendo las cartas sobre una mesa, no veo únicamente nombres y definiciones. Veo personajes que se relacionan, caminos que se cruzan, figuras que avanzan, otras que se detienen y símbolos que aparecen una y otra vez.
A veces una lectura comienza precisamente ahí.
En un pequeño detalle.
En algo que, por alguna razón, reclama nuestra atención.
Por eso siempre recomiendo a quien empieza que no tenga demasiada prisa por interpretar.
Primero mira.
Después comprende.
Y finalmente interpreta.
El Tarot lleva siglos hablando a través de imágenes.
Nuestro trabajo consiste en aprender a escucharlas.
En resumen
Los símbolos en el Tarot forman uno de los pilares fundamentales de su lenguaje.
Los colores, los números, los elementos de la naturaleza, los animales, los objetos, los paisajes y las posiciones de los personajes aportan información que puede enriquecer profundamente una lectura.
Pero ningún símbolo debe interpretarse de manera aislada o automática.
Su significado nace de la relación entre la carta, la pregunta, las demás cartas y el contexto de la persona que consulta.
Aprender Tarot es aprender significados.
Pero también es aprender a observar.
Y cuanto mejor aprendamos a mirar las cartas, menos necesitaremos depender de significados memorizados.
Porque llegará un momento en que las imágenes comenzarán a hablar por sí mismas.
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