Felix llaugé » El Mago Félix «

En el año 2004, junto con Julia Valero, decidimos realizar un programa de radio en una emisora de Valencia, concretamente en Radio Turia. El programa se llamo Luz en Acuario y combinaba entrevistas, noticias del misterio, humor y diversas secciones fijas. Nuestra filosofía era sencilla: buscar personas interesantes y de mérito, que tuviesen cosas que aportar

Fue en aquel contexto donde conocimos a Félix Llaugé, el popular Mago Félix.

Félix vivía en Barcelona y, tras contactar con él, decidimos visitarlo en su domicilio. Residía en un barrio periférico de la ciudad y su vivienda era una auténtica biblioteca. A primera vista parecía desordenada, pero aquel aparente caos escondía innumerables carpetas, documentos y archivos relacionados con temas de todo tipo que, según nos explicaba, tenía o bien terminados o pendientes de estudiar o desarrollar.

Era la casa de un hombre dedicado por completo a sus inquietudes intelectuales.

En el comedor destacaba especialmente un enorme altar repleto de velas. Algunas estaban completamente consumidas; de otras apenas quedaba un pequeño resto; otras permanecían prácticamente intactas. Había velas de distintos colores y tamaños. El conjunto resultaba llamativo y sorprendente. Uno tenía la sensación de que Félix no había organizado su casa para vivir en ella como lo haría cualquier persona corriente, sino para desarrollar aquello que constituía el centro de su existencia.

En aquel momento rondaba los setenta años, pero conservaba una extraordinaria vitalidad. Era cordial, afectuoso y poseía una gran bonhomía. También tenía un punto de picardía muy característico y parecía mostrar bastante más interés por Julia que por mí, algo que, por otra parte, resultaba perfectamente comprensible.

Durante horas nos habló de multitud de cuestiones relacionadas con su trabajo y sus investigaciones. Incluso se ofreció a colaborar con nuestro programa mediante una sección semanal en la que realizaba previsiones astrológicas para los días venideros.

Entre las muchas historias y vivencias que nos contó, hubo dos que me impresionaron especialmente.

La primera se remontaba a los años más duros del terrorismo de ETA. ( la década de los 80´) Según nos relató, mientras colaboraba con una emisora de radio comenzó a señalar determinadas fechas en las que, de acuerdo con sus cálculos astrológicos, podrían producirse acontecimientos graves en España.

Lo sorprendente fue que muchas de aquellas fechas coincidieron con atentados terroristas reales.

Aquello llamó la atención de las autoridades hasta el punto de que fue investigado por la policía. Resultaba difícil comprender cómo podía anticipar fechas tan delicadas sin disponer de ninguna información privilegiada ni mantener contacto alguno con la organización terrorista. Sin embargo, la coincidencia de sus pronósticos con determinados atentados fue suficiente para despertar sospechas.

Tras ser investigado, seguido y con el telefono intervenido llegarón a la conclusión de que no tenía una explicación policial aquellas » coincidencias «

La segunda anécdota estaba relacionada con el Primer Congreso Internacional de Ciencias Ocultas, celebrado en España durante los años de la Transición.

Félix fue segun nos relato el principal impulsor del proyecto. Arriesgó su propio patrimonio, movilizó amistades y contactos internacionales y trabajó incansablemente para sacar adelante una iniciativa que, en aquel momento, resultaba completamente novedosa.

Durante la organización del evento apareció un joven entusiasta que se ofreció a ayudarle. Le facilitaba gestiones, le animaba y colaboraba constantemente. Sin embargo, una vez celebrado el congreso, aquel muchacho desapareció tan discretamente como había llegado.

Pasaron los años.

Muchos años después, Félix coincidió en un conocido programa de televisión con una personalidad muy relevante de la vida pública española: el coronel San Martín, uno de los nombres más conocidos de los servicios de inteligencia de la época.

Con enorme sorpresa reconoció en él a aquel joven colaborador que le había acompañado durante la organización del congreso.

Aquello le hizo pensar que, de una forma u otra, determinados sectores del Estado habían considerado interesante impulsar una iniciativa que proyectara una imagen de modernidad y apertura en la España de aquellos años.

La historia no deja de ser llamativa. Más aún si tenemos en cuenta que, según nos explicó, el congreso no le reportó ningún beneficio económico. Al contrario, acabó suponiéndole importantes pérdidas y sacrificios personales.

Sin embargo, gracias a aquel encuentro televisivo obtuvo, al menos, una respuesta a una pregunta que se había formulado durante mucho tiempo:

¿ Qué había sido de aquel misterioso muchacho ?

Más allá de estas anécdotas, lo verdaderamente importante de Félix Llaugé era su calidad humana.

Era y es un hombre que creía sinceramente en aquello que hacía. Poseía amplios conocimientos en numerosas materias y mostraba siempre una enorme disposición para compartirlos. Para nosotros fue una persona entrañable y seguimos considerándolo, pese a la distancia y al paso de los años, un amigo.

Nos ayudó en los comienzos de Luz en Acuario, colaboró generosamente con nuestro proyecto y nos permitió conocer a un ser humano extraordinario, mucho menos reconocido de lo que merecía.

Estas líneas no pretenden ser una biografía completa, sino un apunte, un pequeño homenaje a una figura importante dentro del mundo esotérico español.

Y también un recuerdo afectuoso hacia una persona que, afortunadamente, sigue entre nosotros.

Desde aquí le enviamos un fuerte abrazo y nuestro agradecimiento por aquellos momentos compartidos que el tiempo no ha conseguido borrar.

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